Hoy es 8 de marzo y se conmemora el Día Internacional de la Mujer. No es, a propósito de lo que nos dice el mercado y sus avisos comerciales, un dia para celebrar la ternura, la fortaleza, el amor, o la belleza de las mujeres. Es un día que recuerda y conmemora la determinación de mujeres que han dado su vida para buscar la igualdad de derechos. Sin embargo, esa esencia, ese legado que ha cambiado la historia, se pierde hoy en una celebración llena de tarjetas con mensajes edulcorados, de rosas y chocolates.

Las mujeres que nacimos a partir de los 80 en el mundo occidental, no hemos tenido que ver de forma tan drástica la negación de derechos y posibilidades. Nuestras madres (en su mayoría)  podían trabajar, salir, escoger con quien casarse, nosotras tuvimos la opción de estudiar, de viajar, de construir una carrera.  Hoy podemos crear empresas, organizaciones sociales innovadoras, aspirar a cargos públicos y a cargos directivos, tomar la decisión de casarnos o no, tener hijos o no. Pero no podemos caer en la trampa y olvidar que todas estas posibilidades no nos han sido dadas por la sociedad de forma espontánea. Son derechos que se han ganado en la arena de la movilización social, son derechos por los que muchas mujeres han dado su vida.

Gracias a esa lucha, que ha tomado decenas de años y que sigue avanzando, hoy podemos conocer, reconocer y celebrar a líderes extraordinarias como Josefina Klinger, que desafía la inercia de su propio territorio y busca una transformación de Nuquí en la costa pacífica colombiana, a través de la asociatividad y del turismo, o como Esther Duflo, una economista francesa que está cambiando paradigmas en la forma como se diseñan soluciones para la pobreza.  Estos casos, que son solo dos muestras en un mar de liderazgo que cada vez se  muestra con más fuerza, hacen visible que las posibilidades son infinitas y que el potencial de generar cambios y transformaciones está también en nuestras manos como miembros de esta sociedad.

Estamos de pie en hombros de gigantes, nuestra responsabilidad como mujeres es honrar ese legado y seguir trabajando hoy para que este mundo sea un lugar más justo, para todos los que en él habitan. Honrar ese legado es estar empoderadas, tomar decisiones propias basadas en una lógica de abundancia, no de escasez, exigir y nunca  conformarnos con menos que la igualdad de derechos.

Honrar ese legado es perder el miedo, es atreverse a desafiar los paradigmas imperantes de la sociedad, que están ya establecidos, pero que no hacen de este un mundo mejor.  Innove ha sido creada con este sentir, y parte de la idea que buscar otro mundo posible es un imperativo, y una responsabilidad con el momento histórico.

Comparte en las redes:Share on Facebook6Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0Email this to someone

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *