La preocupación por los efectos del  hombre en el medio ambiente y, particularmente del modelo de desarrollo de Occidente, se cristalizó a finales de los años 60 del siglo XX, a través de movimientos ambientalistas. El 22 de abril de 1970, en los Estados Unidos, se celebró este día con una movilización de la comunidad educativa que año a año fue tomando mayor fuerza y expandiéndose a otros países. A diferencia de lo que muchos creyeron, el movimiento “verde” no murió con la moda hippie y logró trascender en el tiempo.

1990 fue un año de convergencia. Más de 200 millones de personas en 141 países de todos los continentes realizaron actividades en conmemoración de este día. Yo lo recuerdo perfectamente. Tenía 9 años, cursaba cuarto de primaria, y tras una izada de bandera con actos orientados a reflexionar sobre nuestra relación con el medio ambiente, salimos a sembrar árboles por todo el colegio. Ese fue el primer árbol que sembré en mi vida.

Gracias a la enorme movilización de 1990, los jefes de estado se vieron cada vez más comprometidos a abordar el tema ambiental en sus agendas y en 1992 debieron participar personalmente en la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas en Río de Janeiro. A partir de este día, la agenda internacional nunca volvería a ser la misma y cada vez más los temas sociales y económicos se relacionarían con mayor interdependencia y urgencia a los temas ambientales. Sin embargo, el Día de la Tierra seguía siendo una iniciativa social, sin respaldo de los estados.

La Carta de la Tierra

En el año 2000, un nuevo siglo comenzó con dos hitos. Por un lado, en la Cumbre del Milenio, las Naciones Unidas lanzaron los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio –ODM-, de los cuales sólo el séptimo hacía referencia al cuidado del medio ambiente, constatando que la preocupación central global seguía siendo el desarrollo socio-económico. Por otro lado, un grupo diverso de 23 académicos, políticos y artistas de diferentes países, lanzaba en La Haya la Carta de la Tierra, una declaración de principios que situaba la relación con el planeta como el centro de toda actividad humana y desde la cual se llama a repensar el desarrollo social y económico. Por parte de América Latina participaron Leonardo Boff y Mercedes Sosa. Las últimas palabras de la carta dicen:

Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde 
por el despertar de una nueva reverencia ante la vida;
por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad;
por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz;
y por la alegre celebración de la vida

Si bien la Carta se creó y difundió en marco de las conferencias y cumbres de las Naciones Unidas, no se convirtió en un documento oficial de la ONU, ni en un pacto al que los estados debieran adherirse. Su enfoque vanguardista contrastaba con el enfoque tradicional de los ODM, que planteaban seguir por el mismo camino que se había avanzado a lo largo de todo el siglo XX, teniendo como única salvedad considerar el medio ambiente.

A pesar de no haber sido acogida de manera formal, la Carta de la Tierra resultó de gran inspiración para muchas personas y organizaciones, quienes ya no sólo se preocuparon por el planeta como objeto de las externalidades de un sistema que se probaba insostenible, sino mucho más como un sujeto de derechos en sí mismo, al tiempo que contenedor de la humanidad y todos sus derechos.

Hoy, 2017, podemos ver con mayor claridad que la Carta de la Tierra fue un hito fundacional del siglo XXI, pues expresó la necesidad de adoptar un nuevo paradigma para entender nuestra existencia como parte inseparable del planeta, haciendo un llamado a construir una nueva era. El mundo no estaba preparado entonces para reconocer que este sería el punto central de su agenda actual y venidera, y probablemente no lo esté tampoco hoy; pero lo estará muy pronto.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas han venido reaccionado de manera más asertiva a esta realidad desde entonces. En el año 2002 celebraron la primera cumbre sobre desarrollo sostenible. Luego, en 2009, adoptaron oficialmente el 22 de abril como Día de la Tierra, casi 40 años después de su primera celebración. En el año 2015, una vez vencido el término para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y ante una importante lista de metas no cumplidas, sumadas a una ya innegable evidencia científica sobre el cambio climático, una nueva agenda fue lanzada. No es aún tan avanzada como el enfoque propuesto en la Carta de la Tierra, pero al menos reconoce la interrelación entre los temas sociales, ambientales y económicos a través de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre los cuales, el 12avo, llama a la transición hacia a un nuevo modelo de producción y consumo.

En 2017, ¿estamos listos?

La celebración del día de la tierra este 2017 será histórica. Un controversial presidente de los Estados Unidos ha advertido sobre sus intenciones de retractarse a los compromisos ambientales que sus antecesores habían firmado, ha llamado al cambio climático una “farsa”, ha cancelado en sus primeros meses de mandato fondos y apoyos a la comunidad científica y, además, ha cerrado numerosos sitios web oficiales con información académica sobre temas que no le convienen a su programa político. Esto ha provocado una movilización en su contra, que tendrá como epicentro una marcha en la capital de este país, con réplicas en otras 500 ciudades del mundo.

Simultáneamente, la Organización de las Naciones Unidas, también con motivo del Día de la Tierra, celebrará en Nueva York el séptimo encuentro de su red de trabajo más vanguardista, llamada Harmony with Nature, la cual trabaja actualmente en desarrollar las bases para una Declaración Universal de los Derechos de la Tierra, así como una jurisprudencia de la tierra, con el fin de allanar el camino para defender al medio ambiente como un sujeto de derecho, en vez de explotarlo como un objeto de usufructo, como sucede actualmente.

Desde Innove acompañaremos ambos eventos. Asistiremos al encuentro de la Red Harmony with Nature (que se podrá seguir online aquí) y participaremos de la March for Science.  En los tiempo que vivimos, el Día de la Tierra no nos llama no a la celebración, sino a la reflexión y al activismo. Es una tarea que a todos nos convoc. Pronto les estaremos contando sobre lo aprendido en estas experiencias, trayendo a Medellín, Antioquia y Colombia lo que pasa hoy a nivel internacional.

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